El modelo sueco
Creo que todo el mundo ha oído hablar alguna vez del estado benefactor sueco o el “modelo sueco”.
Después de la caída de los principales gobiernos totalitarios con economías planificadas en el mundo y con la creciente apertura de las economías de los países, el estado benefactor sueco es como el último bastión de la esperanza de una solución “de arriba”.
Por lo menos, esta era un poco la idea que yo tenía antes de venirme para Suecia. (Aclaro que no fueron estas la razones para elegir Suecia como mi destino, sino otras que no viene al caso) y creo que esa misma idea, la tienen unos cuantos, por lo menos en Uruguay.
Y cuando digo una idea, es justamente eso, un preconcepto erróneo formado por conversiones de boliche, porque en realidad no me había preocupado por estudiar la economía sueca.
Suecia y su estado benefactor, el más amplio y costoso que se haya conocido, con niveles de gasto público, carga tributaria, transferencias de ingresos y monopolio estatal sobre la seguridad social y diversas áreas de servicios básicos (salud, educación, asistencia social, etc) no han sido nunca igualados por otro país democrático en tiempos de paz.
Todo esto es conocido y representa para muchos un modelo de sociedad ejemplar que otros países deberían imitar. Ahora, ¿ esto es realmente así ?.
Para contestar esa pregunta, primero tenemos que saber un poco como Suecia llego a esta situación.
En 1864 se instauro la plena libertad de industria y comercio, lo que permitió a suecia desarrollarse como una nación industrial. Esta industria puso tempranamente a Suecia a la vanguardia de las naciones industriales y le permitió a su pueblo un mejoramiento sustantivo de sus condiciones de vida ya antes de la Primera Guerra Mundial.
Durante la Primero Guerra Mundial, Suecia se mantuvo imparcial aunque era clara simpatizante de la causa alemana, esto, la existencia de minas de hierro y de una industria pujante la convirtió en proveedora de bienes a las naciones en guerra, y de la mano vino más crecimiento económico.
Durante los 50 años precedentes al estallido de la Primera Guerra Mundial se incrementó el salario horario industrial a una tasa real decenal de 25 por ciento y el ingreso de los obreros industriales casi se triplicó
Durante la Segunda Guerra Mundial, Suecia también fue neutral y producía bienes tanto para los aliados como para los alemanes. Al terminar la guerra, la industria sueca estaba intacta, y le paso algo similar pero en mayor escala a lo que le paso a Uruguay en los mismos años. Muchas industrias estaban instaladas en Uruguay, simplemente por que era el lugar mas conveniente después de Europa, donde había guerra. Esto le permitió a Uruguay crecer económicamente ayudado por esta situación artificial, y basado en este crecimiento se expandió el estado a magnitudes que aun hoy las estamos sufriendo.
Si tan impresionante fue el crecimiento de Uruguay, durante esos años, imagínensen una nación industrial como Suecia, proveyendo insumos para los aliados y Alemania, situada mucho mas cerca y con una industria intacta al final de guerra.
Basada en estas condiciones económicas se consolidó a partir de 1932 una larga hegemonía socialdemócrata (partido actualmente en el poder), que aún hoy se mantiene si bien con claros síntomas de deterioro, (los suecos piensan que para las próximas elecciones, no van a ganar).
Inicialmente el proyecto de reformas económicas y sociales de la socialdemocracia fue bastante modesto. Bajo el slogan de folkhemmet (que quiere decir el hogar del pueblo) se propuso la construcción de un sistema de seguridad y servicios sociales básicos de acceso universal y se incentivaron una serie de acuerdos entre sindicatos y empresarios, que le dieron estabilidad al mercado laboral así como salarios en aumento a los trabajadores.
El estado benefactor se desarrolló sobre la base de una industria extraordinariamente pujante, creada en lo que podríamos llamar el período “liberal” de la historia de Suecia.
Después de la segunda guerra mundial, surge una línea socialdemócrata mucho más utópica y
radical, que proponían la creación de un estado benefactor con enormes ambiciones en cuanto a moldear las vidas e ideas de la población. Este es el programa del Estado benefactor maximalista, se culminó en las décadas de 1970 y 1980.
Se llego a una política que de hecho le aseguraba a todo ciudadano un nivel comparativamente alto de vida independientemente de su aporte laboral, y consecuencia más evidente en lo económico fue la rápida expansión de la economía planificada a costa de la economía de mercado. De hecho, todo el crecimiento neto del empleo a partir de 1950 se dio dentro del sector público.
Este es lógico si pasamos de una economía industrial a una economía de servicios en un país donde los servicios más expansivos en términos de empleo están monopolizados por el Estado. Todos los servicios básicos eran cubiertos por el estado, y los monopolios dejaban muy poco lugar para las empresas privadas.
En estos años, Suecia era el cuarto país más rico del mundo en términos del ingreso real per cápita y el sistema socialista, del estado benefactor proveía una especie de “justicia social” para todos los ciudadanos suecos.
Quiero destacar que el sistema funcionó en Suecia porque allí la bonanza económica precedió a la asunción por el Estado de todas las responsabilidades de protección social, y porque el intervencionismo estatal, tuvo un límite que nunca traspasó: el de la creación de la riqueza, donde la empresa privada gozó de un amplísimo margen de libertad para ejercer todas las iniciativas y desarrollar toda su creatividad, regulada sólo por las reglas del mercado. Lo cual da una tardía justificación a una tesis de Marx que sus discípulos luego olvidaron: el socialismo será la última etapa del capitalismo, no la primera. En países pobres y preindustriales el socialismo fracasa porque no hay riqueza que repartir, sólo más pobreza. Y el estatismo y el colectivismo jamás han sido capaces de desarrollar y modernizar un país. Si les suena conocido, no es pura coincidencia.
Sin embargo no todo era color de rosa, este desarrollo lleva inevitablemente a una sociedad cada vez más aquejada por los problemas de eficiencia típicos de las economías planificadas en general y de los monopolios públicos que bien conocemos en Uruguay.
Cuando esta carga tributaria crece y a la vez se ofrecen sistemas asistenciales con niveles relativamente altos de ingresos se llega rápidamente a una situación donde el incentivo a trabajar, especialmente entre los sectores de remuneraciones más bajas, se reduce drásticamente o, incluso, desaparece.
La vida de los ciudadanos se vio ampliamente politizada y su libertad de elección severamente restringida. Se puede decir que en cada paso importante en la vida del ciudadano sueco había un elemento de intervención política que de una manera decisiva influenciaba sus opciones.
Así fue como Suecia se convirtió en el paraíso de la producción de masas, ya sea de automóviles, viviendas, educación o salud, una “sociedad fordista” (termino que leí en Internet de un historiador Sueco, perdón, no recuerdo el nombre), que le dio a sus ciudadanos una notable mejoría en sus condiciones de vida pero al precio de reducir muchas de sus alternativas vitales de elección prácticamente a cero.
Para dar un ejemplo antes de los 90s, era impensable que los ciudadanos pudiesen elegir la escuela para sus hijos o el centro médico en el cual ser atendidos en caso de enfermedad.
El problema con esta situación, fue que poco a poco Suecia se fue convirtiendo cada vez menos competitiva, el costo del sistema social, cada vez era mas alto y el modelo sueco se deterioraba año tras año comenzando unos años después del final de la segunda guerra mundial hasta principio de los años 90 donde el sistema colapsó.
Más de medio millón de puestos de trabajo (equivalente a más del 10 por ciento del total) se perdieron entre 1990 y 1994. La tasa de desempleo subió del 2,6 por ciento en 1989 al 12,6 en 1994
La crisis comenzó en el sector privado pero, al caer la tributación, se expandió rápidamente al sector público, el cual se vio obligado, en medio de una crisis galopante de desempleo, a recortar el empleo público actuando así de una manera pro-cíclica que profundizó aún más la crisis.
El gasto público se disparó, llegando en 1993 a una cifra récord correspondiente al 72,8 por ciento del ingreso nacional. A su vez, la carga tributaria soportada por la población activa no pudo ser aumentada debido a los niveles ya extremos que se habían alcanzado en los años previos a la crisis. La consecuencia fue el estallido del déficit público, que alcanzó al 12,3 por ciento del ingreso nacional en 1993.
En 1991 gana las elecciones por primera vez en muchos años, un partido no socialista, bajo la consigna “revolución de la libertad de elección”. Durante este periodo, comienza la desaparición o transformación del modelo sueco.
Comenzaron un programa de saneamiento de las cuentas fiscales a través de la reducción del gasto público, que bajó de más del 70 por ciento del ingreso nacional en 1993 al 54 por ciento en 2000.
Esto se logró en parte, a través de recortes en los niveles de beneficios sociales, reducciones de
personal y efectivización de los servicios públicos mediante reestructuraciones, licitaciones, privatizaciones y aumento generalizado del nivel de competencia, Todo esto, más la recuperación económica iniciada en 1994, permitió generar un superávit fiscal en 1998 así como una reducción de la deuda pública y una cierta reducción de la carga tributaria total.
A fines de los años 90, se remodelo el sistema de previsión social, entre otras cosas se le dio a cada contribuyente propiedad privada sobre una parte de sus ahorros para la pensión (correspondiente al 2,5 por ciento del salario bruto) y el derecho a decidir con plena libertad la colocación de aquella parte entre una gran variedad de fondos alternativos. Esto ha convertido a los suecos en uno de los pueblos más capitalistas de la tierra, creando un interés popular por la bolsa de valores.
Otras reformas incluyeron la privatización o desregulación, abriendo monopolios (donde las empresas públicas han sido sometidas a la competencia, estando sometidas al mismo estado jurídico que las empresas privadas), especialmente en el área de telecomunicaciones, transporte, infraestructura, producción de energía y correo. También se generalizo un sistema de licitaciones dentro del sector público así como la libertad de abrir escuelas, centros de salud y muchas otras actividades cuya demanda está regulada ya sea por el sistema de vouchers o por pagos directos del sistema fiscal.
Lamento desilusionar a algunos pero Suecia ya ha abandonado este modelo, lo han transformado y adaptado para los nuevos tiempos que corren.
Algo destacable es la rapidez con que actuaron, ya que en tan solo 4 años hicieron el grueso de las reformas que le permiten hoy ser uno de los países con mejor estándar de vida. Los suecos hicieron de la crisis de 1990 una oportunidad y aparentemente lo lograron.
Después de la caída de los principales gobiernos totalitarios con economías planificadas en el mundo y con la creciente apertura de las economías de los países, el estado benefactor sueco es como el último bastión de la esperanza de una solución “de arriba”.
Por lo menos, esta era un poco la idea que yo tenía antes de venirme para Suecia. (Aclaro que no fueron estas la razones para elegir Suecia como mi destino, sino otras que no viene al caso) y creo que esa misma idea, la tienen unos cuantos, por lo menos en Uruguay.
Y cuando digo una idea, es justamente eso, un preconcepto erróneo formado por conversiones de boliche, porque en realidad no me había preocupado por estudiar la economía sueca.
Suecia y su estado benefactor, el más amplio y costoso que se haya conocido, con niveles de gasto público, carga tributaria, transferencias de ingresos y monopolio estatal sobre la seguridad social y diversas áreas de servicios básicos (salud, educación, asistencia social, etc) no han sido nunca igualados por otro país democrático en tiempos de paz.
Todo esto es conocido y representa para muchos un modelo de sociedad ejemplar que otros países deberían imitar. Ahora, ¿ esto es realmente así ?.
Para contestar esa pregunta, primero tenemos que saber un poco como Suecia llego a esta situación.
En 1864 se instauro la plena libertad de industria y comercio, lo que permitió a suecia desarrollarse como una nación industrial. Esta industria puso tempranamente a Suecia a la vanguardia de las naciones industriales y le permitió a su pueblo un mejoramiento sustantivo de sus condiciones de vida ya antes de la Primera Guerra Mundial.
Durante la Primero Guerra Mundial, Suecia se mantuvo imparcial aunque era clara simpatizante de la causa alemana, esto, la existencia de minas de hierro y de una industria pujante la convirtió en proveedora de bienes a las naciones en guerra, y de la mano vino más crecimiento económico.
Durante los 50 años precedentes al estallido de la Primera Guerra Mundial se incrementó el salario horario industrial a una tasa real decenal de 25 por ciento y el ingreso de los obreros industriales casi se triplicó
Durante la Segunda Guerra Mundial, Suecia también fue neutral y producía bienes tanto para los aliados como para los alemanes. Al terminar la guerra, la industria sueca estaba intacta, y le paso algo similar pero en mayor escala a lo que le paso a Uruguay en los mismos años. Muchas industrias estaban instaladas en Uruguay, simplemente por que era el lugar mas conveniente después de Europa, donde había guerra. Esto le permitió a Uruguay crecer económicamente ayudado por esta situación artificial, y basado en este crecimiento se expandió el estado a magnitudes que aun hoy las estamos sufriendo.
Si tan impresionante fue el crecimiento de Uruguay, durante esos años, imagínensen una nación industrial como Suecia, proveyendo insumos para los aliados y Alemania, situada mucho mas cerca y con una industria intacta al final de guerra.
Basada en estas condiciones económicas se consolidó a partir de 1932 una larga hegemonía socialdemócrata (partido actualmente en el poder), que aún hoy se mantiene si bien con claros síntomas de deterioro, (los suecos piensan que para las próximas elecciones, no van a ganar).
Inicialmente el proyecto de reformas económicas y sociales de la socialdemocracia fue bastante modesto. Bajo el slogan de folkhemmet (que quiere decir el hogar del pueblo) se propuso la construcción de un sistema de seguridad y servicios sociales básicos de acceso universal y se incentivaron una serie de acuerdos entre sindicatos y empresarios, que le dieron estabilidad al mercado laboral así como salarios en aumento a los trabajadores.
El estado benefactor se desarrolló sobre la base de una industria extraordinariamente pujante, creada en lo que podríamos llamar el período “liberal” de la historia de Suecia.
Después de la segunda guerra mundial, surge una línea socialdemócrata mucho más utópica y
radical, que proponían la creación de un estado benefactor con enormes ambiciones en cuanto a moldear las vidas e ideas de la población. Este es el programa del Estado benefactor maximalista, se culminó en las décadas de 1970 y 1980.
Se llego a una política que de hecho le aseguraba a todo ciudadano un nivel comparativamente alto de vida independientemente de su aporte laboral, y consecuencia más evidente en lo económico fue la rápida expansión de la economía planificada a costa de la economía de mercado. De hecho, todo el crecimiento neto del empleo a partir de 1950 se dio dentro del sector público.
Este es lógico si pasamos de una economía industrial a una economía de servicios en un país donde los servicios más expansivos en términos de empleo están monopolizados por el Estado. Todos los servicios básicos eran cubiertos por el estado, y los monopolios dejaban muy poco lugar para las empresas privadas.
En estos años, Suecia era el cuarto país más rico del mundo en términos del ingreso real per cápita y el sistema socialista, del estado benefactor proveía una especie de “justicia social” para todos los ciudadanos suecos.
Quiero destacar que el sistema funcionó en Suecia porque allí la bonanza económica precedió a la asunción por el Estado de todas las responsabilidades de protección social, y porque el intervencionismo estatal, tuvo un límite que nunca traspasó: el de la creación de la riqueza, donde la empresa privada gozó de un amplísimo margen de libertad para ejercer todas las iniciativas y desarrollar toda su creatividad, regulada sólo por las reglas del mercado. Lo cual da una tardía justificación a una tesis de Marx que sus discípulos luego olvidaron: el socialismo será la última etapa del capitalismo, no la primera. En países pobres y preindustriales el socialismo fracasa porque no hay riqueza que repartir, sólo más pobreza. Y el estatismo y el colectivismo jamás han sido capaces de desarrollar y modernizar un país. Si les suena conocido, no es pura coincidencia.
Sin embargo no todo era color de rosa, este desarrollo lleva inevitablemente a una sociedad cada vez más aquejada por los problemas de eficiencia típicos de las economías planificadas en general y de los monopolios públicos que bien conocemos en Uruguay.
Cuando esta carga tributaria crece y a la vez se ofrecen sistemas asistenciales con niveles relativamente altos de ingresos se llega rápidamente a una situación donde el incentivo a trabajar, especialmente entre los sectores de remuneraciones más bajas, se reduce drásticamente o, incluso, desaparece.
La vida de los ciudadanos se vio ampliamente politizada y su libertad de elección severamente restringida. Se puede decir que en cada paso importante en la vida del ciudadano sueco había un elemento de intervención política que de una manera decisiva influenciaba sus opciones.
Así fue como Suecia se convirtió en el paraíso de la producción de masas, ya sea de automóviles, viviendas, educación o salud, una “sociedad fordista” (termino que leí en Internet de un historiador Sueco, perdón, no recuerdo el nombre), que le dio a sus ciudadanos una notable mejoría en sus condiciones de vida pero al precio de reducir muchas de sus alternativas vitales de elección prácticamente a cero.
Para dar un ejemplo antes de los 90s, era impensable que los ciudadanos pudiesen elegir la escuela para sus hijos o el centro médico en el cual ser atendidos en caso de enfermedad.
El problema con esta situación, fue que poco a poco Suecia se fue convirtiendo cada vez menos competitiva, el costo del sistema social, cada vez era mas alto y el modelo sueco se deterioraba año tras año comenzando unos años después del final de la segunda guerra mundial hasta principio de los años 90 donde el sistema colapsó.
Más de medio millón de puestos de trabajo (equivalente a más del 10 por ciento del total) se perdieron entre 1990 y 1994. La tasa de desempleo subió del 2,6 por ciento en 1989 al 12,6 en 1994
La crisis comenzó en el sector privado pero, al caer la tributación, se expandió rápidamente al sector público, el cual se vio obligado, en medio de una crisis galopante de desempleo, a recortar el empleo público actuando así de una manera pro-cíclica que profundizó aún más la crisis.
El gasto público se disparó, llegando en 1993 a una cifra récord correspondiente al 72,8 por ciento del ingreso nacional. A su vez, la carga tributaria soportada por la población activa no pudo ser aumentada debido a los niveles ya extremos que se habían alcanzado en los años previos a la crisis. La consecuencia fue el estallido del déficit público, que alcanzó al 12,3 por ciento del ingreso nacional en 1993.
En 1991 gana las elecciones por primera vez en muchos años, un partido no socialista, bajo la consigna “revolución de la libertad de elección”. Durante este periodo, comienza la desaparición o transformación del modelo sueco.
Comenzaron un programa de saneamiento de las cuentas fiscales a través de la reducción del gasto público, que bajó de más del 70 por ciento del ingreso nacional en 1993 al 54 por ciento en 2000.
Esto se logró en parte, a través de recortes en los niveles de beneficios sociales, reducciones de
personal y efectivización de los servicios públicos mediante reestructuraciones, licitaciones, privatizaciones y aumento generalizado del nivel de competencia, Todo esto, más la recuperación económica iniciada en 1994, permitió generar un superávit fiscal en 1998 así como una reducción de la deuda pública y una cierta reducción de la carga tributaria total.
A fines de los años 90, se remodelo el sistema de previsión social, entre otras cosas se le dio a cada contribuyente propiedad privada sobre una parte de sus ahorros para la pensión (correspondiente al 2,5 por ciento del salario bruto) y el derecho a decidir con plena libertad la colocación de aquella parte entre una gran variedad de fondos alternativos. Esto ha convertido a los suecos en uno de los pueblos más capitalistas de la tierra, creando un interés popular por la bolsa de valores.
Otras reformas incluyeron la privatización o desregulación, abriendo monopolios (donde las empresas públicas han sido sometidas a la competencia, estando sometidas al mismo estado jurídico que las empresas privadas), especialmente en el área de telecomunicaciones, transporte, infraestructura, producción de energía y correo. También se generalizo un sistema de licitaciones dentro del sector público así como la libertad de abrir escuelas, centros de salud y muchas otras actividades cuya demanda está regulada ya sea por el sistema de vouchers o por pagos directos del sistema fiscal.
Lamento desilusionar a algunos pero Suecia ya ha abandonado este modelo, lo han transformado y adaptado para los nuevos tiempos que corren.
Algo destacable es la rapidez con que actuaron, ya que en tan solo 4 años hicieron el grueso de las reformas que le permiten hoy ser uno de los países con mejor estándar de vida. Los suecos hicieron de la crisis de 1990 una oportunidad y aparentemente lo lograron.
3 Comments:
Tu escribes: "Lo cual da una tardía justificación a una tesis de Marx que sus discípulos luego olvidaron: el socialismo será la última etapa del capitalismo, no la primera. En países pobres y preindustriales el socialismo fracasa porque no hay riqueza que repartir, sólo más pobreza."
Este parrafo (pido disculpas por la falta de tildes, no tengo teclado latino) es problematico en lo historico y contiene errores en la teorica filosofica, de El Capital, marxiana.
El acierto esta en que la revolucion socialista ha de acontecer en un estado con una industria desarrollada al estilo de la inglaterra del siglo XIX que fue el modelo que tomo Karl Marx. El error filosofico esta en que el socialismo sera la ultima etapa del Estado como institucion- no del capitalismo.
Igual, son cuestiones irrelevantes (aunque si es necesario detectar el error) porque tanto el capitalismo como el marxismo han resultado en sistemas muy injustos, sobretodo para los pueblos. Suecia sigue el camino del neo-pramagtismo norteamericano por ejemplo lo que maneja Richard Rorty en su critica a la politica americana y abandono a las politicas sociales. Dejame fijarme en Wikipedia el nombre del libro en que lo dice: Achieving Our Country: Leftist Thought in Twentieth Century America. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1998 (disculpame que no encontre la traduccion en castellano). Se que en castellano la lanzo Paidos pero nada mas, cuando pueda me lo compro eeerrrrr.
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Anonymous, at 5:06 PM
Tu escribes: "Lo cual da una tardía justificación a una tesis de Marx que sus discípulos luego olvidaron: el socialismo será la última etapa del capitalismo, no la primera. En países pobres y preindustriales el socialismo fracasa porque no hay riqueza que repartir, sólo más pobreza."
Este parrafo (pido disculpas por la falta de tildes, no tengo teclado latino) es problematico en lo historico y contiene errores en la teorica filosofica, de El Capital, marxiana.
El acierto esta en que la revolucion socialista ha de acontecer en un estado con una industria desarrollada al estilo de la inglaterra del siglo XIX que fue el modelo que tomo Karl Marx. El error filosofico esta en que el socialismo sera la ultima etapa del Estado como forma de gobierno- no del capitalismo.
Igual, son cuestiones irrelevantes (aunque si es necesario detectar el error) porque tanto el capitalismo como el marxismo han resultado en sistemas muy injustos, sobretodo para los pueblos. Suecia sigue el camino del neo-pramagtismo norteamericano por ejemplo lo que maneja Richard Rorty en su critica a la politica americana y abandono a las politicas sociales. Dejame fijarme en Wikipedia el nombre del libro en que lo dice: Achieving Our Country: Leftist Thought in Twentieth Century America. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1998 (disculpame que no encontre la traduccion en castellano). Se que en castellano la lanzo Paidos pero nada mas, cuando pueda me lo compro eeerrrrr.
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Anonymous, at 5:07 PM
Gracias por los comentarios, voy a leer el libro.
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G.se, at 2:46 AM
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